lunes, 6 de marzo de 2017

Adiós a las mamacitas lindas

Cuando éramos muchachos, allá en el siglo pasado, aprendimos con amigos mayores, que piropear era un ejercicio de originalidad o gracia, para resaltar la belleza que tiene toda mujer, y aspirabas a una sonrisa devuelta como premio, que a toda acción sigue una reacción. Esta práctica, viene desde la colonia, en la que luego del sermón dominical, los jóvenes sueltos en plaza, daban rienda suelta a su imaginación con elegancia. Eran tiempos diferentes, en los que la letra podía entrar con sangre y chitúm, calladito para la casa, que si tu padre se enteraba que en el colegio te coscorronearon por faltoso, no creía en el “Ne bis in ídem” (no hay doble pena por el mismo hecho) y castigado nuevamente.
Con el tiempo, la falta de lectura, cultura y el afán de ir en peor, han convertido a muchos piropos en trilladas frases que tienen que ver con un descuidado San Pedro que deja bajar ángeles a diestra y siniestra, hasta llegar a groserías que agravian a cualquier persona, pero lastimosamente con aprobación simplona de muchos.
Los tiempos actuales, nos enseñan con acierto, algo que no sabíamos: que por más linda que sea la frase, no tenemos derecho a importunar a las personas que van por la calle. Una regla de convivencia es que respetos guardan respetos y otra, del derecho es, no dañar al otro; por eso no podemos piropear, menos hostilizar, ni hacer sentir mal a nadie. Respetemos y si nadie nos invita expresamente, no darnos por aludidos, que es falso eso de quien que calla otorga.
Como a veces no entendemos a la buena, la mañosería va en aumento y el respeto al prójimo es una antigualla, se ha dictado la Ley Nro. 31314, que sanciona el acoso sexual producido en espacios públicos. El acoso, puede ser físico o verbal, de naturaleza o connotación sexual (doble sentido) y es la intimidación, hostilidad, degradación, humillación o creación de un ambiente ofensivo. El acoso se manifiesta a través de palabras (mamacita linda), hechos (seguir a alguien), gestos (besos volados), comentarios e insinuaciones sexuales (I have one pencil), tocamientos indebidos (no haga el que se cae), roces corporales, frotamientos (no se arrime), entre otras conductas.  Los gobiernos regionales y locales, que son los competentes para sancionar los acosos sexuales callejeros, consideran que lo mejor es multar a los infractores. Se pretende, así, que respetemos al prójimo, lo que es correcto; que cada quien tenga su espacio, se vista como le gusta y que viva sin dañar a otros.
Entonces amigo lector, sea consciente que los tiempos cambiaron. Debemos respetar a todos y a todas, y si alguna musa tentadora lo inspira a decir algo divertido y bonito, mejor guárdelo en el bolsillo derecho, junto a sus llaves y cierre la boca; memorícelo, llegue a casa y dígalo con cariño a su mujer amada, que sin duda lo merece; porque si la lengua lo vence en la calle, sonará algo como “yo por ti, pagaría toditas las multas”, pues la destinataria no le devolverá una sonrisa, sino pedirá que lo multen y el sereno lo pondrá en vereda, golpeando la parte más sensible que tenemos: la billetera.

(*) Publicado en La República, en la fecha

lunes, 6 de febrero de 2017

Notas de interés para jubilados

Afirman con razón que justicia que tarda, no es justicia, pero vaya uno a ser veloz, frente a los vericuetos que pueden existir cuando uno revisa una pericia sobre adeudos pensionarios y no logra entender los factores específicos, acumulados y otros más, simples ante los ojos de doctos, pero nada claros para jueces legos en temas matemáticos. Todavía hay quienes creen que si son nulos en la ciencia de Pitágoras, deben dedicarse al derecho; gran error que crea legiones de abogados, que una vez soltados al ruedo, lamentan las dificultades de esta profesión, y batallan en ella porque trabajo es trabajo sobre todo cuando escasean las lentejas y se tiene familia. Para ser Abogado, además de gustarle la lectura, debe tener sensibilidad social para defender los derechos de las personas, entre otras cualidades.
Los jubilados, que como lo ha dicho más de uno, no son nuestro pasado, sino que son la versión presente de nuestro futuro. Como la edad lo requiere, están incluidos dentro de la población vulnerable y deben tener un tratamiento especial en sus procesos judiciales (carátula roja). El tratamiento especial, no tiene que ver con ser generosos con lo ajeno y darles lo que no les corresponde, sino que significa atenderlos preferentemente: si no tienen derecho, decirles no prontamente y si lo tienen, no solamente reconocer el beneficio, sino que además debe obligarse a pagar a quienes les toca hacerlo.
En desgracia para nuestros mayores de la tercera edad, la parte deudora, suele ser el Estado (ONP, Gobiernos locales, etc.), que lejos de predicar con el ejemplo, suelen batallar para no pagar, hacerlo tarde y si se puede, nunca. El debido proceso no fue creado, para alargar los juicios, pero en la práctica se ve ello. Con vergüenza debemos reconocer que existen sentencias que para que el Estado pague a un jubilado, se tiene que litigar más de 10 años, cobrando en algunos casos, los sucesores del demandante.
Una de las causas de las demoras, además de la sobrecarga procesal, son las pericias en ejecución de sentencia. Los peritos llamados a liquidar deudas, presentan dictámenes según su modelo preferido, existiendo varias presentaciones de lo mismo, y dejan patidifusos a los adultos mayores y confundidos a los jueces ¿Qué pasa cuando se hacen de diversas formas las liquidaciones?, pues se genera confusión en el Juez que aprueba o desaprueba la pericia, el Estado apela por costumbre, y el Superior, con varias dudas, termina por anular todo y a empezar de nuevo. Todos perdimos, hasta los árboles talados para hacer papel murieron en vano.

¿Qué hacer amigo lector? Una solución es obligar a los peritos que usen una misma presentación para sus pericias, de manera simple, en las que el Juez, abogados y adultos, entendamos: a) la remuneración de contingencia; b) la aplicación de intereses legales no capitalizados por disponerlo así precedentes judiciales; c) el uso de los factores acumulados (olvídense del factor específico); d) los factores acumulados del interés legal son los mismos que se publicitan para el interés laboral, sin necesidad de hacer conversiones. Con esto haremos simple lo que no es complejo y resolveremos de manera más pronta los pedidos de los jubilados, y el Superior en grado, confirmará o revocará las decisiones, sin anularlas. Así ganamos tiempo todos, en especial los jubilados, que son quienes más lo aprecian.
(*) Publicado en la fecha en la República, Edición Sur.