lunes, 25 de julio de 2016

Arrendamiento y desalojo, aciertos y desaciertos

Al momento de presentar el libro “Arrendamiento y desalojo”, es necesario referirse al padre del Ajedrez moderno en la desaparecida escuela soviética, Botvinik, quien afirmaba que solamente publicando sus trabajos, un ajedrecista progresa, porque esa tarea de someter a la crítica ajena, el trabajo propio permite identificar errores y hacer correcciones: “Usted no publica, entonces hágalo y al cabo de un par de años hablaremos de mejorar”. Los jueces, “sin querer, queriendo”, hacen públicas sus decisiones para las partes y sus abogados y, a la vez las “cuelgan” en internet, para que la comunidad pueda hacer crítica de ellas, sea a través de la prensa o publicaciones especializadas.
En desgracia, en nuestra sociedad, existe mucha intolerancia a la crítica, en la falsa creencia de la perfección propia. Hasta cuando caemos mal, culpamos al otro de no apreciarnos bien. Los jueces al publicar sus decisiones, además hacen públicas las razones que los llevaron a tomarlas y, como seres humanos que somos, tenemos errores derivados de nuestra formación, nuestra percepción de las cosas u otras. Sin pretender lavar las manos, no son pocas las ocasiones en que los abogados hacen que los jueces se equivoquen. Alejandro García Nieto, con la ironía de la que hace gala, justificaba al Juez señalando que si los abogados le llevan paparruchadas en un sentido y otro a la vez, no es raro que el Juzgador suelte una patochada mayor al decidir; lo que es verdad, pues la administración de justicia, además de jueces capaces y honestos, requiere de abogados preparados y leales y éstos a su vez requieren de clientes que siempre se conduzcan con respeto y verdad (lo más difícil de hallar).
Al término del proceso, el litigante tendrá la mejor o peor opinión del Juzgador, dependiendo cómo le fue. El vencido, con su abogado, denostará la decisión y acusarán de miopía intelectual y moralidad dudosa al Juez; el vencedor se halagará y presumirá sabiduría.  Ambas posturas no favorecen a la mejora de la justicia, pues lo importante para todos es someter a un análisis crítico la decisión y no a la persona. Allí sabremos si acertó o equivocó el Juez, allí podremos corregir el error o difundir el acierto. Las críticas pensadas, permiten a jueces y abogados mejorar su labor.
Y todos podemos hacer críticas pensadas, lo único que se requiere es, paradójicamente, pensar y hacer conocer a las personas lo que se piensa.  En el libro “Arrendamiento y Desalojo”, se pretende ello; se analizan dos instituciones: el contrato de arrendamiento y el desalojo, a través de la jurisprudencia, doctrina y casuística.  No es un estudio monográfico tradicional, sino es encontrar en las vivencias diarias, el derecho aplicable; de lo más simple a lo más complejo; de lo más antiguo a lo más novedoso. Se expresan dudas y contradicciones que presenta la legislación y jurisprudencia, se desarrolla doctrina, pero todo sobre la base de historias de a pie y escritorio.
Entonces, querido lector, se trata de un libro puesto al alcance de todos, con el que se identificará y aprenderá; y es una forma de someterse a la crítica ajena para corregir lo que se debe, pues como afirma Fischman, aun cuando no sea grato, que nos digan nuestros errores, es la única manera en que podemos aspirar a ser mejores.

(Publicado en el diario La República el 25.07.2016)

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