lunes, 31 de agosto de 2015

A cocachos aprendí

En la formación escolar de mis años, enseñaban el poema de Nicomedes Santa Cruz “A cocachos aprendí”; eran tiempos en los que tener primaria completa no era usual como, hoy lo es, culminar la secundaria. El poema refiere las peripecias de un muchacho que no aprovecha el tiempo para convertirse en una persona de bien y con el paso del tiempo lo lamenta. Hoy en día, los “cocachos” y todo acto de violencia contra los niños, con acierto está proscrito; empero como nos gusta leer sólo parte la historia, estamos pasando al extremo de la irresponsabilidad.
Si hoy sentimos que la sociedad es violenta e insegura, en parte se debe a que formamos niños enseñándoles sus derechos, sin explicarles que estos van de la mano con los deberes. Se habla de los derechos del niño, pero no de sus deberes familiares, por eso creen merecerlo todo y pedir es su medio para lograr las cosas, olvidando el esfuerzo necesario. Si Juancito sólo aprende a pedir, Juan no será un hombre que cumpla sus deberes y con el tiempo será un irresponsable más.
Un ejemplo se ve en la justicia de familia, en que hay incremento de casos de menores infractores que, en historia común, empiezan con la desobediencia en la casa paterna, apoyada por uno de los padres; luego pasan al irrespeto de sus profesores en el colegio, secundada también por los padres y bueno de tanto ser irresponsable, se meten en problemas mayores al no respetar el derecho ajeno, son detenidos y llevados ante la Justicia.  Las historias son parecidas con un mismo final y ningún futuro.  Si algún escolar es agredido por un profesor y ello fue grabado en un celular, sancionemos al profesor, sin hacer héroe a quien, infringiendo normas, utiliza en aulas escolares un celular. 
Lo malo para los jóvenes es que tienen además referentes públicos en algunas personas mayores, que propagan esta cultura de irrespeto; se trata de gente, que cree que levantar la voz y hacer escándalo es parte de ser profesional. No cabe duda que los judiciales, estamos obligados atender a litigantes y a abogados y a tramitar con el mayor esmero sus procesos, pero ello se confunde por algunos que creen que libremente pueden andar importunando trabajos ajenos, y como lo malo se imita, van saliendo profesionales que ejercerán el derecho creyendo que la mejor preparación para un caso no es el estudio a fondo, sino el histrionismo espontáneo.
¿Cómo cambiar esta situación? Enseñando en casa, en aulas, en el trabajo y en todo lugar que si bien existen derechos, existen deberes; como dos caras de la misma moneda.  Uno no existe sin el otro. Tomemos nota que una campaña de vigencia de los deberes ciudadanos logrará que se respete más los derechos de todos.

Entonces querido lector, que la violencia urbana no lo espante, todos somos parte de la solución; hablemos por donde vayamos, que la vigencia de nuestros derechos, va de la mano con el cumplimiento de los deberes.  El futuro no debe ser tomado por legiones de pedigüeños sin obligaciones, sino por quienes respetan al prójimo pues son estos los que hacen valer los derechos de todos.  Que los cocachos, pasados al olvido, no regresen en forma de violentos ciudadanos.

(Publicado en el diario La República en la fecha)

martes, 4 de agosto de 2015

El Juez del bicentenario

En tiempos difíciles, como los que se viven, el modelo de Juez tradicional ya no es válido. Hoy se necesita jueces que ejerzan liderazgo, no por ostentar un cargo sino por su labor, que debe crear valor en el sistema de justicia. El liderazgo, suele verse erróneamente como la capacidad de arengar o motivar a un equipo y esperar resultados. No, el liderazgo es comprometerse con objetivos institucionales, con su equipo y con el servicio al usuario externo; no como discurso, sino como forma de gestión profesional.
Pep Guardiola, exitoso entrenador, enseña que uno de los elementos del liderazgo es la singularización, entendida como la atención que debe ponerse al desarrollo de los integrantes de un equipo, reconociendo cada mejora. El reconocimiento es una de las pocas cosas que mientras más se entrega, más se recibe.  Todos, sin excepción alguna, necesitamos crecer profesional y laboralmente; y si el Juez no lo fomenta tendrá un equipo que jamás rendirá a plenitud.
El Juez que lidera el trabajo colaborativo, sabe que sus logros, su ratificación en el cargo, el adecuado funcionamiento del órgano jurisdiccional o el buen resultado en una auditoría de control, no es sólo mérito de uno, sino también, de un equipo que trabaja unido. Cuentan que el conquistador de Almagro, encontró una forma de compromiso para que sus huestes lucharan por él hasta morir: él mismo luchaba a muerte por ellos.
El Juez debe ser un líder humanista, que comprenda el drama que viven las personas, pero sin perder la imparcialidad; debe ser claro, con el litigante que atiende, sin crearle expectativas, que no se hace una labor de consejería ni promesas.
El Juez es responsable de transmitir serenidad a su equipo y no angustias. El trabajo a veces es más complicado y difícil que lo usual; pero ello no le hace caer en pánico, sino que por el contrario, calma las aguas para que se trabaje mejor. Es conveniente dar confianza al equipo interno, para que con sus críticas, ayuden a mejorar el trabajo, de lo contrario el Juez será el último en saber sobre lo malo por corregir. El franco diálogo genera equipos de aprendizaje continuo.
En una sociedad, en el que las noticias se leen menos que sus titulares, el Juez debe ser firme ante las presiones externas e internas. Ni palmas ni abucheos orientan la labor; la reflexión serena, la autoevaluación y la evaluación interna, son las que guían. El Juez no busca amigos ni enemigos y sabe que mientras más cerca esté del poder, su imparcialidad se verá en peligro, pues la virtud no se lleva bien con el poder (Lucano).

Entonces querido lector, así como la fuerza del cocodrilo es mayor en el agua (entorno), la labor de un juez se potencia con un equipo comprometido como él. El Juez del siglo XXI, excede el modelo socrático de saber escuchar, responder, ponderar y decidir, sino que además es el servidor de la Justicia que no vive en una isla, sino que predica con el ejemplo y transmite su compromiso, convirtiendo cada problema en una oportunidad para el crecimiento profesional de todos. ¡Feliz día del Juez a todos los colegas!
(Publicado en La República el 03-08-2015)

lunes, 27 de julio de 2015

La Corte de Justicia del Bicentenario

Facundo Cabral solía decir que, lo que se perdía de gloria personal, se ganaba de eternidad; es decir, si desea trascender debe procurar que los esfuerzos propios busquen el beneficio colectivo; tal vez no lo recuerden, pero siempre lo tendrán presente. Esta idea va en contrapartida al individualismo actual, resumido en “gracias a mí, esto funciona”, lo que no es verdad. Las grandes instituciones, requieren líderes que guíen equipos de trabajo comprometidos en un buen servicio, con visión alineada hacia un objetivo común. Las individualidades permiten ganar partidos, producen aplausos y palmadas en el hombro, pero son los equipos los que hacen campeones a sus integrantes.
La Corte Superior de Justicia de Arequipa (CSJA), cumple 190 años de su instalación y antes de celebrar el bicentenario de la independencia nacional, tiene como reto llegar al expediente judicial digital para el año 2020; para lograrlo requiere del esfuerzo de todos, jueces, servidores jurisdiccionales y administrativos, comprometidos. Si no tenemos la misma visión, mejor buscar la puerta de salida.
Los adelantos tecnológicos en una institución, deben tener dos objetivos, el primero brindar un mejor servicio al usuario, que en el caso judicial permitirá la disminución de nulidades procesales y sobre todo reducirá el tiempo, pues justicia que tarda, hace sufrir a quien la busca; y para los jueces y servidores jurisdiccionales y administrativos, la posibilidad de trabajar mejor y recuperar la vida familiar y personal. Si no logramos ello, toda modernidad será más carga que beneficio.
En este camino de mejora, somos conscientes que los justiciables, en más de una ocasión han sentido algún maltrato o recibido alguna decisión que consideran injusta y/o tardía. Se trabaja para corregir ello, pese a que hoy nuestra sociedad vive una escalada de violencia y poco respeto a la autoridad y a las razones, lo que se ve reflejado en los expedientes judiciales y en los litigantes. Se está perdiendo la esencia de un proceso: buscar justicia, para convertirlo en un instrumento de venganza. Aplomo y mesura deben ser las insignias de quienes laboramos acá, teniendo cuidado de los lobos disfrazados de corderos, fácilmente identificables pues son aquellos que “jamás se equivocan y si algo les sale mal, culpan a un tercero”.
Hoy, la ciudadanía puede apreciar decisiones en la CSJA que protegen derechos y/o imponen sanciones a quienes las merecen; tal vez no gusten, pero no todos tienen la razón. El cuello y la corbata no hacen a alguien inmune a la justicia, eso debe reconocerse. Falta bastante, pero con la reflexión, trabajo en equipo y adecuado uso de la tecnología, el mañana tendrá los frutos esperados.
Entonces, apreciado compañero judicial, si bien la vida parece más dura que antes, jamás olvide, que las grandes personas no hacen grandes instituciones, sino que las grandes instituciones son obra de personas que trabajan en equipo, debidamente guiadas hacia un futuro común. Una mejor CSJA evidenciará que en su interior hay grandes líderes y personas; por el contrario una peor CSJA, desmerece a sus servidores; elijamos la primera opción, la ciudadanía se lo agradecerá, su familia, también.

(Publicado en La República el 27-07-2015)

martes, 28 de abril de 2015

¡A la cárcel todo Cristo!

Cuenta Ricardo Palma, que en un determinado pueblo, hubo una procesión en que algunos que representaban a Cristo, por un quítame esta paja, se liaron en batalla descomunal, por lo que ante tal desbarajuste, la Autoridad víctima de su impotencia, sólo optó en gritar ¡A la cárcel todo Cristo! y así que todos los disfrazados de Cristo detenidos; como no estuvieron identificados, se regresaron a sus casas.
Hace poco, culpando a otros de lo mal que andan las cosas que su sector, el Ministro del Interior, señaló que de 992 personas detenidas por la DIVINCRI en Lima, durante el verano, sólo 42 están en la cárcel por orden del Poder Judicial. Como se demostró luego, las más de las detenciones no ameritaban una prisión preventiva. En Arequipa, las cifras demuestran que de 136 pedidos de prisión 105 se concedieron; lo que demuestra que a pruebas presentadas, a los jueces ni les tiembla el pulso, ni conceden gracias.
Hay gente que debe estar presa, de ello no hay duda, pero no nos confundamos porque a la barbarie no se puede responder con arbitrariedad, sino con el respeto de los derechos fundamentales: acostumbrémonos a eso.
Es usual que en el dolor propio o ajeno queramos que el delincuente se pudra en la cárcel, pero más allá del instinto primario, no caigamos en la venganza ni la llamemos justicia. No es fácil, pero es la única salida, que el ojo por ojo sólo produce ciegos y con ello el futuro será negro. Para una víctima, la cárcel del denunciado, es la forma en que los pillos deben pagar sus fechorías, pero con el tiempo saben que nada les devuelve lo perdido: ni vidas, ni tiempo ni cosas.  Las cárceles si son necesarias, no son soluciones; se debe prevenir el delito.
Los impaciencia aumenta con comentarios de quienes creen que es deber de los jueces ordenar prisión aún sin pruebas. No, la función del Juez es hacer vigente los derechos de todos (por eso se le representa ciega, no porque sea una señora que va al mercado y no desea ver precios). Es difícil e impopular, pero es la única garantía que tendrá usted si por azares del destino alguien lo quiere molestar. Combatir la delincuencia no es sólo castigarla, sino reducirla con una acción pensada del Estado, en el que la educación y valores, sean parte esencial.

Entonces amigo lector, la solución a la delincuencia no es sólo enviar a la cárcel a todas las personas, sino prevenir el crimen; ya lo afirmó Pitágoras siglos ha, que en la medida que se abran escuelas, se cerrarán prisiones. Si creemos en la venganza, seguiremos expuestos al peligro de salir de la calle, con la única esperanza de que quien hizo daño muera preso; pero eso no hace que desaparezca la delincuencia y menos le da tranquilidad.  Necesitamos una sociedad segura en la cual salir a la calle no sea un peligro mayúsculo y que quienes estén presos sea porque era lo que correspondía.
(Publicado en la República el 27-04-2015)

lunes, 6 de abril de 2015

Errores y cambios procesales

Lo que Pilatos hiciera ante Cristo, lavarse las manos, ni fue un invento suyo, menos una ocurrencia para salir del paso.  Antaño y hogaño se procura sacar el ascua por mano ajena y si un tercero asume mi culpa o la responsabilidad por lo que hice, mejor para uno. Con este pensamiento, olvidamos es que si bien equivocarse no es bueno, lo malo se encuentra en no aprender del error y creer con el tiempo que lo que se hace, sea por terquedad o convicción, beneficiará a los justiciables, y si no sale bien, pues culpa de otro será.
Las últimas modificaciones al proceso civil (Ley 30293), ya vigentes, buscan agilizar el trámite de los procesos judiciales, identificando entre otros, tres grandes deficiencias que se venían presentando en los diferentes niveles del litigio.  A los jueces que califican demandas, les prohíbe rechazarlas por la causal de indebida acumulación de pretensiones, forma recurrente de pasar el caso a otro juez sin asumir responsabilidad. A los jueces que resuelven en segunda instancia, les ha prohibido anular resoluciones judiciales por la incorporación de prueba de oficio, que más que una búsqueda de una verdad objetiva se convirtió en una forma de dilatar la decisión sin riesgo. A los abogados de las partes, les exige un domicilio procesal en el que sea fácil notificarles (casilla judicial), pues los procesos se suelen dilatar por esta causa y por la dificultad que supone notificar cuando alguien se quiere esconder.

Los cambios normativos deben ser vistos como una oportunidad para mejorar el servicio que los litigantes esperan, tanto de los jueces, como de sus abogados. Aun si la norma no es perfecta, debemos esforzarnos en lograr su mejor aplicación.  

Los jueces necesitan abogados que expongan de manera clara los problemas de sus clientes y que ofrezcan los medios probatorios que permita darles la razón; y los abogados necesitan jueces que los entiendan y que apliquen el derecho que corresponde a los hechos que se logra probar en el proceso.

Endilgar culpas a terceros por yerros propios, solo sirve para que hoy uno pueda  sentirse bien, pero no ayuda al proceso, ni a ganar un juicio, menos a convertirse en un buen profesional.

Entonces querido lector, usted como yo, nos equivocamos, pero no nos lavemos las manos para ocultar el error, pues tarde o temprano se hacen públicas las limitaciones que todos tenemos. Si aceptamos que erramos, usemos ello como un punto de partida para mejorar, todos lo agradecerán. Los cambios procesales deben permitir un proceso más rápido, si nos lo proponemos; empero si creemos que hacíamos lo correcto, tantos jueces y abogados, es probable que el futuro sea tan complicado como el presente.

(Publicado en La República el 13.04.2015)

lunes, 10 de noviembre de 2014

No Valentín, así no vale Valentín


Ni hoy, ni mañana, ni pasado, es decir, jamás se justificará la muerte de una persona, menos en cumplimiento de una diligencia judicial; esta afirmación incluye el respeto a la integridad personal, no sólo de quienes se resisten a un mandato judicial, sino que también de quienes hacen cumplir tal orden.  Una sociedad civilizada que aspira a tener un futuro mejor, sólo se puede construir con respeto y razones, no con violencia ni comentarios vacuos.  La desgracia de Cajamarca, debe ser un punto de reflexión profunda sobre lo que hacemos en la sociedad y no el escándalo del que busca venganza y del que no aprendemos.
 
Debemos asumir responsabilidades y reconocer que si creemos en la culpa ajena y la santidad propia, seguiremos en empantanados y no podremos librarnos como sí lo hizo Hércules en situación similar. Hércules actuó y paleó, no se hizo la víctima, que las palas son para trabajar. No creemos héroes de la desgracia ni utilicemos muertos para llenar el molino propio, busquemos la manera de evitar más violencia. El presente que construimos es la base del futuro de nuestros hijos.

Los mandatos judiciales deben cumplirse, aun cuando no gusten.  Sé que el Poder Judicial, como otras instituciones, enfrenta un gran cuestionamiento público; pero se hace lo posible por ser transparentes. Ahora los jueces publicitamos nuestras decisiones a través del internet; cualquier ciudadano puede consultarlas y saber si le cuentan historias.  Un caso difícil, puede ser revisado hasta por 9 jueces, en diferentes niveles, hasta quedar firme. Una casa no se pierde por que sí, sino que se pierde porque quien era el dueño se comprometió con algo y no cumplió. Si 9 jueces le dicen que está equivocado y que las deudas se pagan, no crea a quienes dicen que no pasará nada, cada quien sabe qué se prestó y qué debe.

Un principio de la vida en sociedad es que si se asume una obligación, ésta debe ser cumplida, si hago daño a alguien debo indemnizarlo.  No se puede asumir deudas y ser feliz sin honrarlas, tarde o temprano le cobrarán. Ser valiente no es lanzar piedras ni blandir palos; tampoco, abusar de la fuerza. La valentía consiste en cumplir la palabra dada y respetar el derecho ajeno. Lo otro es vandalismo y eso no puede dejar como herencia a sus hijos, porque la vida será más difícil si los gritos superan las razones.

Entonces querido lector, sea como el tipo que, con una vela encendida, entró a una cueva oscura, llena de gente, pero al darse cuenta que seguía sin ver, decidió encender las velas de quienes las tenían apagadas, luego todo se hizo claro y pudo apreciar la cueva. No guarde su luz de la reflexión bajo un celemín, compártala y verá que las cosas mejoran. No sea de los que apagan velas, que la oscuridad de todos es lo que alimenta la corrupción y ésta es una de las desgracias que debemos vencer utilizando la razón.  Seamos valientes dejando a nuestros hijos un mejor mañana que el que recibimos.
(Publicado en la fecha en La República)

domingo, 27 de julio de 2014

Sin permitir que interrumpan nuestra educación

Cuando Bernard Shaw ironizó que su educación fue buena hasta que la interrumpió el colegio, estimo que se refería no a las escuelas, sino a los entornos en que éstas se desarrollan, es decir, a la sociedad en su conjunto.  Sabemos que el bajo nivel educativo de un país puede llevarlo a que no supere el subdesarrollo, pero el problema verdadero es creer que la mejora del nivel educativo es responsabilidad de colegios o de padres en casa, obviando que la obligación de mejorar la educación es de todos y fundamentalmente de quienes son autoridades en nuestra nación.

No es raro en estos días que pese a los empeños de padres y maestros, sigamos exhibiendo un pobre nivel de ciudadanos educados, con autoridades que no asumen su papel y culpan a otros de la educación, pese a que ellos mismos con sus conductas y apariciones ante la prensa, son el mal ejemplo que impide mejorar al país. Sí, hay autoridades que cuando declaran tiran por la borda todo empeño educativo de casas y colegios y como el mal ejemplo se imita, los ciudadanos aprenden que para tener éxito no se necesita ni ser educado ni reflexivo.

Citemos como ejemplo el caso de los fallos judiciales.  Si es que se expide alguna resolución que no es agradable a los ojos de determinada autoridad, ésta evidencia su intolerancia e incapacidad de reflexión saliendo ante la prensa; lanza su patochada, que parece un esfuerzo por desplazar al cómico Melcochita, y creyendo ser gracioso, denigra a la sociedad.  En estos días, el actual Jefe del INPE que, enfrentado a una resolución que no le gusta, en lugar de pensarla, señaló que ésta era un adefesio y la lección que dio es que suficiente es insultar y no guardar respeto por otras instituciones o el trabajo ajeno y debatirlo con razones correctas.  Ya no se tiene vergüenza alguna por hacer trizas a la decencia, formas y modales. 

Los jueces que pueden equivocarse, se esfuerzan en guardar respeto por la opinión ajena. Imagine si un juez fuera como estas autoridades y pusiera en blanco y negro lo que piensa sobre lo que dicen autoridades y abogados; no, los jueces se limitan en esgrimir razones que sustentan sus decisiones y por qué desestiman argumentos de las partes. Con aciertos y yerros los jueces se esfuerzan en argumentar y no en denigrar a las partes. Es un ejemplo que debe imitarse.

No es que se añore el retorno de los tiempos en que políticos y funcionarios eran caballeros, como don Fernando Belaúnde o dicharacheros certeros y elegantes como don Luis Bedoya.  No se busca que la caballerosidad sea una norma en la política y los funcionarios públicos, son tiempos pasados. Se necesita que todos reconozcamos nuestra responsabilidad por educar a las generaciones que nos ven y que hagamos del respeto y la reflexión dos normas de convivencia social.

Las autoridades no deben olvidar que el ejemplo es la mejor lección, que cuando están frente a una cámara no son parte de un show de pura diversión, sino que educan; no deben hacer de su cargo un traje del hazmerreir y del festejo en privado con sus asesores que, por desgracia, no tienen la valentía de advertirle que anda desnudo de ideas y razones y del daño que hace su violencia verbal a la sociedad.

Entonces querido lector, no festeje y haga gracia de frases simplonas porque alienta la patanería e irreflexión social. Todos somos responsables de educar a las generaciones que vendrán a reemplazarnos y si queremos juventudes pensantes, prediquemos con el ejemplo de la reflexión.  Como decía Einstein, la educación es lo único que nos queda cuando olvidamos todo lo aprendido; por lo que para intentar legar una mejor educación a nuestros hijos, parafraseando a Mark Twain no permitamos que las autoridades que no educan, tampoco interfirieran con nuestra educación y menos la de nuestros hijos; sólo así el futuro será mejor para todos.

jueves, 17 de julio de 2014

El guachimán Pacheco

En los años en que los sábados en las noches las familias se juntaban para ver Risas y Salsa, existía un sketch titulado “el guachimán Pacheco”, que interpretado por un joven Adolfo Chuiman, no aguantaba a nadie ni un queco; éste personaje era la versión moderna del valiente capitán Paiva de la Tradición “Al pie de la Letra” de don Ricardo Palma.  El divertido Guachimán al recibir una orden, la cumplía aun de manera irracional; para él, las normas se cumplían tal cual estén pintadas.  Lo gracioso del sketch era la ironía que supone actuar al pie de la letra aún en contra del sentido común.

Actualmente, en la temprana formación jurídica de futuros abogados, se dan los primeros acercamientos a las normas jurídicas y a la necesidad de interpretarlas. En aulas se utiliza un ejemplo clásico: La existencia de un parque inmenso que conmemora una batalla determinada, en el que al ingreso hay un letrero que dice “prohibido el ingreso de vehículos” y, sabemos que a quien vaya en una 4x4 o en un Tico no le permitirán entrar al parque, ésa es la zona clara de la norma; pero sucede que va una familia llevando a la abuela en silla de ruedas o tal vez al pequeño que aún necesita de su cochecito para pasear.  La pregunta es ¿les negamos el ingreso?, pues tanto una silla de ruedas o un coche de bebé son vehículos.  Algunos creen que sí pueden ingresar porque no tienen motor así que adentro y, sin querer queriendo, interpretaron que un vehículo para ser tal, necesita de un motor (ergo no pasaría una silla de ruedas moderna que ya viene con su motor). Lo curioso es que en esta interpretación, uno ya se sale del texto de la norma.

Otros señalan que la norma, en un parque, busca que las personas disfruten un descanso seguro, por lo que la prohibición está dirigida justamente a los vehículos que causan peligro a los demás: una silla de ruedas y un coche de bebé no suponen peligro para terceros, así que adentro y a divertirse.  En aulas es raro encontrar a quien diga, nones a la anciana y al pequeñín y, si quieren ingresar al parque, que camine la doña y que gatee el infante; raro, porque los guachimanes Pacheco en el derecho moderno están en vías de extinción.

El ejemplo permite entender la necesidad de interpretar las normas y no ser meros aplicadores de textos sin entender su contenido. En el derecho existen diferentes métodos de interpretación y todos ellos con una sola misión: “encontrar el correcto significado a una norma jurídica”.  Un estado constitucional de derecho, exige a los jueces que al aplicar las normas, las interpreten y que motiven sus decisiones para su aceptabilidad.


Entonces querido lector, los jueces ni somos capitanes Paiva, menos guachimanes Pacheco, que sin reflexión alguna se pegan al pie de la letra.  Cada norma tiene una razón de ser y es la que se debe descubrir y aplicar; de lo contrario, en el parque en mención, si una persona sufriera un grave accidente y se requiriera del ingreso urgente de una ambulancia, el famoso Guachimán no deja pasar el vehículo y peor aún, si el chofer fuera el capitán Paiva, desde el volante de tal vehículo se encogería de hombros, maldeciría la norma y no haría algo por intentar salvar la vida ajena; por fortuna esos tiempos ya pasaron. 

lunes, 26 de mayo de 2014

El pressing a los judiciales

Cuando a un reconocido futbolista, muchos años retirado de la práctica profesional del fútbol, le preguntaron ¿si jugara ahora, que añoraría de sus épocas de jugador? Respondió sin dudarlo. “La libertad. Cuando jugaba fútbol, uno era más libre para crear, ahora no se puede, por el pressing que hacen los adversarios, así como las faltas que lesionan”.  Si, como para muchos, el futbol es como la vida, en nuestros días quienes somos servidores judiciales, sentimos el pressing y las jugadas arteras de algunas partes en los procesos.

Quienes trabajamos en la Corte Superior de Justicia de Arequipa, sentimos dos tipos de “pressing”, el interno a cargo del Órgano de Control, que controla nuestra producción, conductas y patrimonio, nos pone elevadas metas para cumplir, entre otras, y si bien ello es pesado; quienes laboramos sabemos que es parte del servicio que brindamos. El otro “pressing” es el externo y está a cargo de las partes que, en la mayoría de veces, reclaman con sobrada razón por errores que podemos cometer o por demoras en que se incurren.

Reconocemos que hay demora en muchas áreas, porque existe sobrecarga y complejidad en algunos casos. Debemos trabajar mejor e internamente los esfuerzos van dirigido a ello.  En el tema de la complejidad, nos capacitamos constantemente, pero decidir en instantes el futuro de las personas (sea sobre su libertad, sus derechos o bienes), no es un pestañear, hay que pensarlo con calma y decidir. Los jueces y servidores, reflexionan siempre sobre lo que se decide y aun así en ocasiones se yerra, porque la verdad no suele ser absoluta. El dilema del vaso medio vacío o medio lleno. Las pruebas del proceso deben ayudar a descubrir lo que sucedió y luego aplicar el derecho que corresponda. Los abogados tienen la responsabilidad de probar las afirmaciones de sus clientes.

Pero existe un pressing malo, que va de mano con las jugadas arteras: reclamos destemplados y escritos presentados sin estudiar debidamente, son carga quitan tiempo y afectan.  Las jugadas arteras son las que utilizan algunas partes para dilatar el proceso, falsear la verdad y fomentar la deshonestidad.  Contra eso hay que luchar sin desmayo.  El Art. 282 del Código Procesal Civil establece que se puede concluir sobre la conducta procesal de las partes.

Pero hay un pressing que ayuda: litigantes y abogados atentos al proceso que lo sigan, que lo marquen y que señalen oportunamente errores que deben corregirse.  Necesitamos litigantes honestos y profesionales capaces, que uno los identifica por que suelen ser amables, concretos y sin dejar de ser exigentes.


Entonces querido lector, sé que le preocupa que su proceso y necesita una decisión pronta, haga un pressing bueno, y si bien un “por favor” o un “gracias” no son, ni serán necesarios para que los judiciales cumplamos nuestro deber; estirar las caras, tampoco ayuda; menos levantar la voz. Todos tenemos prisas y carga por atender, más aún luego de la huelga, sea parte de quienes facilitan la solución y no quienes viven en el problema.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El contribuyente de los gobiernos locales

Con el año que acaba, concluirá la última amnistía del año que otorgaron los gobiernos locales para el pago de tributos municipales y si no pagó, preocúpese poco, porque el año ya termina y, para la próxima amnistía se tendrá que esperar al 2014. Se sabe que existen muchos ciudadanos que a la fecha no han cumplido con lo debido por el 2013 o años antes, así que las municipalidades piensan darles facilidades, al infinito y, si es posible, más allá aún.

Se olvidan las autoridades locales que existen muchos ciudadanos que en febrero cancelaron oportunamente sus tributos, a costa de un sacrificio personal, sin beneficio alguno pero con la satisfacción del deber cumplido.  Para algunas autoridades ser puntual es algo ininteligible y que las conductas jamás cambian; es por ello que no entenderán que algunos de quienes cumplieron puntualmente, cambiarán de actitud los años venideros.  Total si pagar tarde no tiene costo, para qué esforzarse en cumplir formando colas. Si incumplir es más barato o tiene un costo similar que cumplir, se suele elegir el incumplimiento.
 
Algunas autoridades locales, a veces, por no perder popularidad, se aventuran en “generosidades con dinero ajeno” y envían conceptos erróneos de lo que es cumplir las normas. Aturdidos por el aplauso que jamás les es suficiente, continuarán otorgando amnistías lo que a veces incluye por multas impuestas por infracciones de tránsito.

Lo que se siembra, es usualmente lo que se cosecha; por lo que la severidad que algunas veces la SUNAT utiliza, hace que de manera automática tratemos de cumplir nuestras obligaciones en tiempo oportuno; porque con ella no hay amnistía que valga, menos palmas que se busquen.  Si debo a la SUNAT y a una Municipalidad, pues sin dudarlo, primero cumplo con la SUNAT, que con ella no se juega. La SUNAT a través de su labor se ha ganado odios, pero también respetos y nos enseñó que cumplir sale más barato que no cumplir.  Imagine que en el país la SUNAT cobre las infracciones de tránsito, pues no habrá combi tan atrevida ni chofer aventurero.

Pero cuando se trata de las municipalidades, incumplir no es un problema y como el mal ejemplo es fácil de imitar, no solamente afecta los tributos locales, sino cualquier otra disposición como la de no estacionar en lugares prohibidos, no botar la basura en la calle, respetar normas de tránsito y muchas más.  Pero claro, si los municipios envían un mensaje de que incumplir no genera costo alguno.  Si los regidores de los municipios consideran que las amnistías son necesarias por la situación económica de las personas, mejor en perdonar incumplimientos, deberían empeñarse en sincerar los gastos de la administración para que los ciudadanos paguemos menores montos.

Las normas deben ser como la que se dio en el pueblo de Chateauneuf-du-Pape, en Francia, vigente desde la década de los cincuenta del siglo pasado, que para proteger a sus productores de vino se prohibió a los ovnis aterrizar en las cercanías. No sé del ánimo de los franceses, pero deben ser estrictos, porque según se sabe, ningún extraterrestre hasta ahora se ha animado a incumplir tal norma; lo que no estoy muy seguro habría sucedido si la norma era de algún municipio local.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Jornadas de dignidad y unidad

Los jueces del país empezamos noviembre con protestas por un presupuesto justo, porque sabíamos que el Poder Ejecutivo había recortado el presupuesto necesario para funcionar como poder, en imitada conducta del padre que quiere someter a su hijo no otorgándole lo que le corresponde ni dándole la independencia necesaria. El Ministerio de Economía y Finanzas, estima que recortar el presupuesto de los magistrados, los hará tocar su puerta para pedir por favor lo que corresponde por derecho y así, de esta manera, no permitir un Poder Judicial fortalecido con jueces absolutamente independientes. El Poder Judicial es el contrapeso necesario para la vida en democracia.

Las Salas Plenas y Juntas de Jueces ampliadas que a lo largo del país se instalaron, reclaman presupuesto y remuneraciones justos, como lo dispone la Ley hace más de 20 años, con sentencias judiciales y del Tribunal Constitucional firmes que ordenan que se pague lo que dice la ley. El Ejecutivo no hace caso y, a última hora, pretende disminuir los derechos de los magistrados en nuevo proyecto de Ley que recorta los porcentajes que debe pagar, con la malicia del deudor que debe 10 y cree que hace un favor dando 5. Se debe cumplir como se debe. No olvidemos que se imita lo malo y no se debe dar un mal ejemplo al no respetar la Ley. Tengamos cuidado que se cosecha lo que se siembra.

La ciudadanía considera que los jueces son seres privilegiados, gran error. Los magistrados vivimos más de 13 años con sueldos y bonos congelados. Sépase que a diario se nos evalúa, por litigantes y abogados que al perder un juicio suelen endilgarnos la culpa de su derrota. El Consejo Nacional de la Magistratura, ajeno al Poder Judicial, ratifica cada 7 años a los magistrados nombrados, proceso al que no se somete a otro funcionario público. Ser juez es una gran responsabilidad de juzgar a otros, y no un privilegio del que se abuse.

Se yerra al señalar que si tendríamos vocación trabajaríamos sin reclamar. Los jueces hemos sido pacientes más de 20 años y si hoy se hacen plantones, marchas, vigilias y más, es porque toda paciencia tiene límite. Afirman quienes menos piensan que si ser juez es tan difícil, deberíamos renunciar, como si a Gandhi le hubieran dicho que si no le gusta la esclavitud en la India, que se vaya y se acabó el problema.

Rechazamos la corrupción y si alguien tiene ingresos ilícitos, a identificarlo y a la calle que los de casa queremos un Poder Judicial limpio, con litigantes y abogados honestos.


Los magistrados estamos unidos en un reclamo justo, con la cabeza levantada, reconociendo la importancia de los litigantes, pero sin permitir burlas sobre nuestros derechos. La respuesta que tenemos los magistrados, ante todo intento de incumplir o disminuir nuestros derechos es la unión y el rechazo firme.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Jueces, protesta y presupuesto

La protesta de los jueces, va más allá de pedir remuneraciones justas. El reclamo judicial es, además, contra el recorte de presupuesto efectuado por el Ministerio de Economía y Finanzas, que ha aprobado, como presupuesto, el 45% de lo requerido por el Poder Judicial para el 2014. En el caso de Arequipa, el año que viene se tendrá un menor presupuesto que el 2013. En nuestra región, no funcionarán los 10 órganos jurisdiccionales, creados en el 2012, que aliviarán la carga procesal y acortarán plazos para resolver; tampoco se construirán las casas de justicia proyectadas en provincias. No sólo pierden los jueces, perdemos todos.

Es malo para la sociedad, que el Poder Judicial, no tenga autonomía económica ya que se depende económicamente del Poder Ejecutivo, a quien debemos controlar y ello atenta contra la independencia jurisdiccional, lo que tarde o temprano sufren los ciudadanos. Si el Poder Judicial tuviera su propio presupuesto, en un rango del 2.5% del presupuesto púbico nacional, como lo señaló la Constitución de 1979 y no del 1.2% que el Ejecutivo impone, la impartición de justicia mejoraría.

Las jornadas de Lucha por la Dignidad del Magistrado Peruano, convocadas por la Asociación Nacional de Magistrados del Perú, acatadas a nivel nacional; incluyen la exigencia del pago de la remuneración que la Ley fijó para los magistrados hace más de 20 años y que sentencias del Poder Judicial y Tribunal Constitucional, han ordenado se cumpla. Para variar, el Ejecutivo no cumple ni sus Leyes, ni sentencias que lo obligan.

Se cuestiona que los jueces se hayan declarado en huelga. Los jueces no pueden hacer huelga, aunque no falten ganas, y por ello, a lo largo de la República, se instalaron Juntas de Jueces y Salas Plenas, en las que se debaten los problemas que aquejan a la justicia. Lastima a la razón que en este país para hacerse escuchar no sea suficiente dialogar y exponer razones, sino que las más de las veces, se exige a ciudadanos y a jueces, protestar.

Se afirma con error, que los jueces tienen una remuneración y rango privilegiado, lo que no es verdad. Los jueces y fiscales de la República, tenemos más de 13 años la misma remuneración (incluidos bonos). Nombrados por concursos públicos y evaluados diariamente por partes y abogados; somos sometidos a un proceso ratificación cada 7 años, ante un ajeno al Poder Judicial (Consejo de la Magistratura) que puede terminar con la no renovación de confianza y sin trabajo. Es una labora a dedicación exclusiva, con limitada excepción de la docencia. A los magistrados del área penal, se les niega el seguro de vida (mucho riesgo).

Ahora, si a algún magistrado “la plata le llega sola”, se debe denunciarlo y sacarlo del cargo: la limpieza de la casa, beneficia a quienes vivimos en ella. No olvidemos que la corrupción requiere de un abogado inescrupuloso y/o un litigante sin conciencia limpia.

Reclamar un presupuesto justo y el pago de sueldos establecidos por ley, no significa falta de vocación, sino el poder trabajar de manera correcta con la tranquilidad necesaria, que la vocación no supone dejar que pisoteen los derechos de uno.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una justicia necesaria

Enseñaron con sabiduría los romanos que “la mujer del César no solamente debe ser honesta, sino también parecerlo” y ello, además de ser verdad, es un consejo a tenerse siempre presente en los actos diarios. Si bien el qué dirán no es lo importante para tomar decisiones, jamás deben olvidar las autoridades, que la ciudadanía juzga su labor en esencia y apariencia. En el caso de la justicia, no es que los jueces trabajen para recibir la aprobación ciudadana o tener su adhesión, sino que sus actuaciones y sentencias deben ser apegadas al derecho y los hechos, es decir justas y, además, dejar la sensación que así lo son.

Existen casos en que las actuaciones del Poder Judicial, pese a estar arregladas a derecho, ante los ojos de terceros no lo están. Un ejemplo es la sentencia del llamado caso La Parada, que se caracterizó por no ser lo severa que se esperaba, pues de cien procesados, sólo dos quedaron presos y los demás, sueltos en plaza. Este fallo, que a primera vista deja una gran desazón, sentimiento de falta de firmeza y dudas sobre el actuar del Poder Judicial, resultó siendo un caso diferente al pensado, lo que se explicó de manera muy tardía.

En el verdadero caso La Parada, cuyo juzgamiento no ha concluido, las imágenes televisadas y las fotografías publicadas, nos han dejado en la retina una violencia inusitada y desmedida con que actuaron muchos desalmados, sin respeto a la autoridad, a la policía y a todo lo que se moviera o sea susceptible de saquearse; por ello se espera una sentencia justa, debidamente motivada, que establezca la responsabilidad y sanción a cada uno de los violentos de esa nefasta tarde, sin olvidar que no se condena a la gente en masa, sino por la participación individual de cada procesado; así como nos juzgarán en el Juicio final, uno por uno; por lo que la tarea de los fiscales y policías es por demás importante.

En este caso y otros esperamos un fallo firme, fruto de la razón, que se perciba como justo, pues de lo contrario la vorágine de violencia seguirá creciendo alimentada por el temor de quienes deciden. No olvidar que los fallos trascienden los expedientes y envían mensajes a la sociedad. Juzgar es tarea ardua en un país como el nuestro en el que los valores extravían su camino y si bien la voz del pueblo es la voz de Dios, los gritos de las masas no tienen nada que ver con ello, menos las bravuconerías de quienes se esconden en la multitud para liberar el vándalo que llevan dentro.

Como La Parada, existen muchos casos más, en los que la debida motivación del fallo permitirán saber si se trabajó bien o no: se necesitan jueces valientes con decisiones honestas. Ayuda mucho una sociedad reflexiva que no siga el chisme fácil y repita cosas sin meditar, sino que piense y saque conclusiones. Los ciudadanos pensantes eligen mejores autoridades y controlan que cumplan su deber.


Entonces, ante el peligro del vandalismo y violencia, necesitamos jueces firmes que sean y parezcan justos en su actuar, así como ciudadanos reflexivos y vigilantes; que de lo contrario el día menos pensado, en lugar de argumentos usaremos piedras y palos para imponer nuestras razones.

sábado, 26 de octubre de 2013

Sobre la legítima defensa

A veces no entendemos qué sucede en nuestra sociedad cuando vemos a algún esforzado ciudadano que al defenderse del ataque de malhechores, es detenido por haber “salido vivo” de un frustrado atraco; victimando a sus agresores.  El Fiscal que investiga y el Juez que revisa el caso, nos parecen defensores de delincuentes y se cree, con error, que las leyes están hechas para los malandrines cuyos derechos son los únicos que importan, siendo lo justo que el ciudadano que actuó en legítima defensa sea puesto en libertad.  En realidad, lo que hacen el Fiscal y el Juez, es investigar y decidir si hubo legítima defensa o no, conforme a lo que pasó y si fue así, el valiente irá a su casa.

Los Estados existen para poder vivir en una sociedad con derechos y en paz, lo que se logra respetando las leyes; pero, resulta que en tiempos actuales la inseguridad reina y apostamos por la justicia de mano propia e inclusive, hay colectivos que asumen al linchamiento como una forma de ella, cuando en realidad es sólo venganza y como tal nos perjudica: el ojo por ojo nos lleva a un país de ciegos.

Nadie tiene derecho a agredir a otro, sea verbal o físicamente y tampoco tiene derecho a privarle de manera ilegítima de sus bienes, menos de su vida. Quien mata a otro comete un crimen. Si somos víctimas de un ataque ilegítimo y estamos expuestos ante la delincuencia, tenemos el derecho de defendernos físicamente, si sabemos cómo hacerlo; no debe ser valiente quien no sabe ya que le puede ir peor.  Nuestra defensa es legítima cuando, sin provocar, ante cualquier agresión ilegítima por parte de terceros, respondemos con firmeza y lo necesario.  La legítima defensa, es una eximente de la responsabilidad penal y bien utilizada libera de sanción a quien daña a otros. 

Esta defensa no autoriza a agredir a cualquier sospechoso; es un requisito básico estar en peligro y que haya proporcionalidad entre el ataque sufrido y la respuesta dada. Tenemos el derecho de defendernos, sin exageraciones, que las ofensas verbales solamente a lo mucho sacan palabras y nunca justifican pasar a las manos.

Es importante no olvidar que muchos ciudadanos portan armas o enrejan sus casas, simplemente porque sienten el fracaso del Estado en la seguridad ciudadana.  Es labor de las autoridades hacer cumplir las leyes, que no se dividen entre severas y no severas, sino entre las que se cumplen o no, y ley que no se cumple envalentona al crimen; también, deben proponer soluciones preventivas, por ejemplo, obligar a los taxistas que al anochecer, tengan las luces interiores del vehículo encendidas, la buena iluminación es enemiga del delito y si bien se pierde privacidad, se gana en seguridad.


Entonces, si alguien actúa en ejercicio adecuado de su legítima defensa, no tendrá problemas, sólo pasará malos ratos; pero, si actúa con exceso es otro cantar y deberá responder por ello. Así como en el futbol importa mucho un árbitro firme que saque tarjeta roja a tiempo a quien comete faltas alevosas, para cortar el juego violento; así las autoridades deben actuar con firmeza, de lo contrario el partido se les irá de las manos.

sábado, 5 de octubre de 2013

Entre amparo y Desamparo

No hace mucho, el Presidente de la República criticó que casi 2,000 “malos policías” despedidos, fueran repuestos por mandato judicial, mostrando su indignación por el peligro que ello nos representa; pero, en vez de averiguar por qué pasa ello: “no seguir los procesos disciplinarios con arreglo a ley”, para corregir a futuro, culpó al Poder Judicial. Cuando no reconocemos los yerros, inherentes al hombre, por desgracia los repetimos y si nos excusamos en que terceros tienen la culpa de lo que hacemos mal, retrocedemos como sociedad.

Es usual para las autoridades acusar al Amparo de los males sociales. Se dice que repone corruptos, invade el fuero congresal, permite negocios al margen de la ley u otros males; no obstante, el amparo (proceso), debe su nombre no a alguna agraciada mujer, sino al desamparo en que se puede encontrar un ciudadano por culpa de quien ignora las leyes y la Constitución. Si las autoridades cumplen la Constitución y las leyes, no hay amparo que les haga frente, mas si actuamos sin reflexionar, el proceso de amparo frena arbitrariedades.

Todos estamos de acuerdo en que policías, funcionarios y cualquier sinvergüenza, no trabaje para el Estado y que sea castigado por su delito. Despedirlos está bien, pero hay que hacerlo correctamente, pues cada ser humano tiene derechos y debemos permitir que se ejerzan y luego, si así debe ser, para afuera y a cerrar la puerta, que si buscan amparo, el Juez dirá al infractor no, pues no se le vulneró derecho alguno.  No debe olvidarse que cada amparo fundado por vulneración de los derechos de un presunto corrupto, genera una sensación de impunidad y fomenta más corrupción. También será importante que los jueces actúen apegados al derecho, sin creer que el amparo es una repartija de indulgencias.

La ciudadanía protesta y afirma que sólo los delincuentes e investigados tienen derechos en los juicios; ello no es cierto, todos los tenemos; sucede que los procesados los utilizan por su condición y muchas veces con exceso. Nosotros, no los usamos porque no los necesitamos. Cuando uno está sano no toma medicinas. Usted ciudadano honrado, tenga la certeza que si por desgracia alguien lo denuncia o demanda, ejercerá sus derechos plenamente. Eso sí, debe mejorarse leyes para cortar excesos.  Hay amparos justos como el de muchos jubilados, que hoy gozan de mejores pensiones, gracias a él.  El amparo nació para protegerlo del desamparo, ésa es su naturaleza.


Entonces, no es que a los jueces les guste otorgar amparos, es su deber hacer vigente la Constitución, por el bien social; como las medicinas amargas que hacen recuperar la salud y las tomamos así no nos gusten. Sabemos que lo mejor es curarse en salud y si hay un mal servidor y/o trabajador corrupto, a hacer las cosas bien, a despedirlo, porque si vulneramos sus derechos, volverá y perdemos con su retorno. Si a la reincorporación del primer policía se corregía el error, tal vez el resto no habría regresado a aumentar nuestra inseguridad. Las autoridades deben aprender de sus errores, porque sino entre tanto "Amparo", ni "Socorro" nos salva.

domingo, 29 de septiembre de 2013

La Madre del Cordero

No cabe duda que vivimos en tiempos llenos de conflictos, en los que abundan protestas y cuestionamientos a las autoridades, al vecino y a todo aquel que piense diferente. Por ejemplo, la protesta que es un derecho ciudadano, más aún en un país de desigualdades, como tal, debe ejercerse dentro de los límites que señala la ley, recordando que todo derecho tiene como contrapartida un deber, lo que al parecer hemos olvidado; al fin y al cabo se protesta no para causar destrozos, sino para expresar disconformidad y buscando que cambien las cosas.

Hogaño, sólo pensamos en derechos y olvidamos nuestros deberes, por lo que no asumimos responsabilidad alguna y gustamos de culpar a los otros de nuestros males: “Hago responsable a terceros, por los daños que se causen en mi protesta” “señor Juez, no cumpliré su mandato y si usted me obliga, lo responsabilizo de lo que me pase”, “yo responsabilizo a …”.  Una sociedad sin gente responsable de sus actos está destinada a no superar el subdesarrollo.

Otro ejemplo trillado, pero pan del día, es la forma en que nos conducimos en las calles, como peatones o como conductores.  Tenemos el derecho al libre tránsito y debemos ejercerlo cumpliendo las leyes que lo regulan; pero si no cumplimos tales normas, justificamos nuestra conducta como un pecadillo necesario por la prisa que teníamos; pero si otro hace lo mismo que nosotros, hasta podemos recordarle la historia de su vida.  Hay protestas callejeras en las que no importa el prójimo o los bienes ajenos, porque el que causa el destrozo jamás es responsable, siempre se culpa a otro. ¡A la cola! es nuestro grito indignado, pero pasarnos la cola es parte de nuestro arte. Se acude a procesos judiciales, algunas veces, sin la adecuada revisión del caso y ante el fallo desfavorable, no hay mea culpa alguna, sino que se responsabiliza al juez porque no entiende o favoreció a la otra parte. Recuerde que si no lo entienden, lo más probable es que no se expresó bien, que usted no es un genio, ni el juez es un neófito.

El futuro de una mejor sociedad depende de ciudadanos que no olviden que cada derecho tiene como contrapartida un deber, así como la libertad que reclaman nuestros hijos y les exigimos que la ejerzan responsablemente. Todos debemos ser responsables de nuestros actos.


Entonces querido lector, sé que le preocupa que las cosas mejoren. Si bien, reclamar sus derechos es un paso importante, cumplir sus deberes, es el complemento necesario. No olvidemos que cada derecho es la cara de una moneda, y que el sello es el deber.  Si queremos una sociedad mejor para nuestros hijos, seamos responsables de nuestras acciones, que una mejor sociedad no se construye sólo con mejores autoridades; sino en esencia con ciudadanos responsables. ¡Ahí está la madre del cordero!

domingo, 25 de agosto de 2013

No soy un buena gente

Cuenta don Ricardo Palma, en una de sus tradiciones, que una vez don Simón Bolívar en el Cuzco, quiso saber del desempeño de los funcionarios del gobierno. Interrogando, siempre recibía informes contradictorios, para unos tales eran buenos y para otros, los mismos, unos pillos; excepto un servidor del cual todos hablaron bien.  Bolívar concluida su evaluación ordenó sólo la destitución del “buena gente” y sus razones fueron que no se puede estar bien con Dios y con el diablo a la vez y éste buena gente o es un memo a quien manejan todos a su antojo o un intrigante contemporizador y, en ambos casos, no sirve.

Se dice que un buen Juez debe ser una buena persona en su vida privada y función pública, lo que es muy diferente a ser un “buena gente”. Un “buena gente” siempre está en busca de la aprobación ajena e intenta caer en gracia a todos, rehúye a sus críticos fomentando un errado espíritu de cuerpo para protegerse. Un Juez buena gente evita tener enemigos y eso es peligroso porque ello indica que sólo rema conforme le soplen los vientos y un Juez debe remar conforme a sus convicciones, que están subordinadas a la Ley y la Constitución.

El Juez cuando sentencia o dirige el proceso, entre otras cualidades, debe ser valiente, no sólo frente a las partes, sino sobre todo frente al poder porque ello garantiza la independencia que la Constitución le otorga, no para que duerma tranquilo o sea un dictador, sino para que la utilice a favor del proceso y al servicio de los litigantes. Si bien el Juez no busca pelearse con el poder, menos estará a su servicio; porque ello es la única garantía de que el litigante sienta que sus derechos están a salvo. El Juez no es el tipo belicoso que pelea con la gente o abogados, pero tampoco es sumiso; sabe que el camino de la magistratura no es para ser popular y que en lugar de amigos aumentan los enemigos, pero no por ello desvía su camino.  Un ejemplo de valentía la dio García Rada, quien no cambió su decisión ante la presión del dictador Odría. Este magistrado enseñó que es inútil presionar a un valiente.


Entonces amigo lector, sé que un día seré juzgado; sino es en ésta, lo será en la otra vida; pero si es en vida, deseo me juzgue un juez valiente, que tenga como guía la Constitución, que respete normas, derechos y cumpla su  deber, que no busque agradarme, ni desagradarme, menos congraciarse con los poderosos, que no ceda ante la opinión pública.  Quiero un Juez que sepa que los logros en la vida se consiguen con esfuerzo y valentía, no siendo un “buena gente” ni con atenciones a los de arriba.  Ese día, condenado o no, tendré la impresión de que se hizo justicia, aun cuando el resultado no me agrade. Lo bueno es que en Arequipa hay un buen número de jueces valientes, a quienes va mi saludo en este mes.

lunes, 15 de julio de 2013

Tocan a la puerta, ¿quién será?

Una experiencia pesada en mi juventud se presentaba cuando, descansando, veía en la televisión el partido de futbol esperado o mi programa favorito y “ding dong” sonaba el timbre, bajaba a abrir la puerta y alguien inoportuno te buscaba o el cartero te entregaba un sobre insignificante; sin embargo, esa molestia es nada frente al hecho de levantarse, abrir la puerta y recibir una notificación judicial dirigida a un nombre desconocido que puede ser un anterior inquilino del inmueble o el conocido que vendió la casa. Preocupa más que el papel se refiera a una obligación de dar suma de dinero por un título valor.  Las personas que han pasado por esto, buscan un abogado, hacen un escrito, devuelven la notificación, pero el Juzgado les notifica una vez más y ahora porque no procede la devolución, ya que el título valor consigna su dirección para ser cobrado.

Si el Juez no acepta la devolución, no es que no le crea, sino que si alguien fija un domicilio para cumplir sus obligaciones, allí será notificado, no en otro lugar; no significa que quien vive en la casa pagará la deuda ajena, sino que allí se notificará y se seguirá el juicio al deudor. Quien recibe notificación ajena en su casa, debe avisar al acreedor lo que está pasando y así evitar más problemas.

Si usted es deudor y cambia de domicilio, avise a su acreedor vía comunicación oportuna e indubitable, de lo contrario no hay cambio que valga y lo tendrán por bien notificado en la dirección que originalmente dio y hoy ya no vive.  Un deudor diligente avisa el cambio de domicilio para que le notifiquen bien y, de ser necesario, defenderse oportunamente en un juicio. Las notificaciones son en beneficio suyo. Sino comunicó su cambio de domicilio, no podrá defenderse a tiempo y eso sólo lo perjudica a usted.  El acreedor puede oponerse a su cambio de domicilio, si cree que dicho cambio es para dificultar el cobro.

Puede suceder, que un incumplido sea quien se esconde tras la puerta y, mal aconsejado, le pida a algún amigo o pariente que devuelva la notificación y diga que abandonó la casa hace mucho y que no saben de él. Mala idea, el Juzgado rechazará la devolución y verá que además que gastar tiempo y dinero, perdió la oportunidad de defenderse en un proceso y contestar la demanda, que para eso fue notificado.  Cuando alguien tiene algo que decir a su favor, esconder la cabeza no es una solución. Con defensa o sin ella, si es que debe, tendrá que pagar.


Entonces amigo lector, recuerde que los tiempos actuales requieren personas diligentes.  Si es deudor, no pretenda ser el lobo engañador del juego de la ronda, porque solamente perderá su derecho a contradecir oportunamente los cargos en su contra.  Si cambia de domicilio avise a sus acreedores, guarde los avisos que dio, de lo contrario terminará como el lobo del juego: perdido.  Ciudadano que se respeta, jamás se esconde tras la puerta sin ejercer sus derechos plenamente.

lunes, 3 de junio de 2013

Entre Fiestas semáforo y revisiones judiciales

Si viviera Sócrates cambiaría su famoso “sólo sé que nada sé”, por “Sólo sé que nada comprendo”; y es que si él llegó a escandalizarse con la juventud de su tiempo ido, señalando que los muchachos eran tiranos desobedientes e irrespetuosos; hoy, en una fiesta semáforo, entre tanto rojo, ámbar y verde, no comprendería que el rojo no significa tengo pareja, sino que puede significar “lo que la noche proponga”.  Sócrates tendría grandes problemas para entender que el choque y fuga con placa falsa, no tiene nada que ver con el automovilismo ni los accidentes de tránsito, sino con furtivos amantes que disfrutan un instante con nombres falsos.  Es bueno que los jóvenes se diviertan, pero deben incluir en sus conductas responsabilidad y respeto a los demás, lo que hace viable la vida en común y permite un mejor futuro. 

Los jóvenes, si bien es cierto demandan locales de diversión, no son culpables de que los negocios que incumplen normas legales, sigan abiertos al público, pese a que existan resoluciones municipales que ordenan cierres.

Algunos ciudadanos creen que estos locales siguen abiertos en mérito a alguna resolución del Poder Judicial, grave error.  La historia de este lío, se inició, años ha –fines del siglo pasado–, cuando existieron algunos municipios que en desmedido uso de sus facultades y en perjuicio ciudadano, trabaron medidas cautelares embargando cuentas bancarias de vecinos, por deudas tributarias no determinadas debidamente o inclusive en reclamación.  Los afectados, en onerosas gestiones, tuvieron que acudir en recurso de queja ante el Tribunal Fiscal, que les dio la razón y dejó sin efecto dichas medidas; por lo que era necesario una mejor solución.

Como a veces el remedio es tan malo como la enfermedad, el deseo de evitar estas prácticas abusivas, se ha convertido en una carta blanca a favor de quienes infringen las normas. La Ley del Procedimiento Coactivo, contiene un cuestionado Art. 23.3, que permite suspender una ejecución por un tiempo, con la sola presentación de la demanda de revisión judicial. Sí, para suspender temporalmente una orden coactiva no se necesita una resolución judicial, basta con un cargo de presentación y a seguir funcionando. Los beneficiados son quienes incumplen normas municipales ya que evitan cierres de negocios que no tienen permiso; los perdedores somos los ciudadanos y las autoridades, lo que incluye al Poder Judicial, cuyo desprestigio crece cuando le endilgan culpas ajenas, lo que debilita la vida en sociedad.

Los procesos de revisión judicial existen para que el Poder Judicial verifique la actuación de la administración que, en toda ejecución de la decisión que sea, debe respetar los derechos de los ciudadanos, no para proteger ilegalidades.


Entonces, amigo lector, tenga presente que el Art. 23.3 de la Ley del Procedimiento Coactivo, debe ser modificado en aras del bienestar ciudadano, de lo contrario seguiremos sin comprender cómo es que las leyes que se dictaron para proteger nuestros derechos ciudadanos, son justamente las que perjudican a nuestros hijos, lo que probablemente, también le costaría trabajo entender a Sócrates.